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Un perro policía en casa.



Un cambio de residencia inesperado, una nueva situación laboral, un problema de índole personal… Es posible que, al poco tiempo de haber adquirido un perro, se nos presente una situación en la vida en la que nos resulte muy complicado dar a nuestro perro las condiciones y cuidados necesarios. Si no encuentras una respuesta positiva entre tus familiares o amigos, aún queda la vía de acudir a un albergue para que sus responsables intenten dar a tu animal de compañía en adopción. Sin embargo, todavía hay lugar para otra alternativa: ¿te has planteado donar tu mascota a la Policía?

Los inicios de las secciones caninas dentro de este cuerpo de la seguridad del Estado datan de 1945, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. “Se recuperaron los perros utilizados por los alemanes y se aprovecharon para el trabajo policial”, afirma el inspector Durán, responsable de la Unidad Canina de Madrid de la Policía Nacional, que también declara que “dependiendo del cometido, se eligen determinadas razas”. En este sentido, las distintas especialidades requieren ejemplares que respondan a determinados rasgos de carácter.

Los diferentes cometidos policiales.
“Para explosivos, se necesitan perros tranquilos y pacíficos, puesto que se manejan unas sustancias muy delicadas”, aclara el experto, señalando que la tarea del perro cuando detecta algún artefacto es la de “no tocarlo, se le enseña a sentarse. Así nos indica que ha localizado algo sospechoso”. Dentro de este destacamento, y también dentro del de rescate, son muy apropiados el Pastor Alemán y el Labrador, mientras que para estupefacientes, “se usan perros con más nervio, principalmente de caza, como el Pointer, el Braco, el Springer o el Cocker”. El modo de actuar es completamente diferente, ya que el guía les acostumbra a coger la droga y a traérsela. Durán señala que también hay mestizos que responden correctamente y que, en ocasiones, “los cruces dan incluso mejor resultado que las razas puras”.

Cada unidad canina tiene sus particularidades. La de la capital, la más grande de España, alberga más de 70 perros repartidos entre 35 guías. De este modo, “cada guía tiene dos perros, uno para drogas y otro para explosivos”. Por otro lado, los cuidados que se les proporcionan son excelentes, tanto por parte del policía como de los veterinarios que trabajan en las instalaciones: desparasitación interna y externa, pienso de alta energía en invierno, acicalamiento, cepillado, vacunas… Aunque los caniles en los que viven mientras están operativos están provistos de calefacción y están perfectamente acondicionados, el responsable del can tiene la posibilidad de solicitar llevarse a casa sus herramientas de trabajo diario y tratarlas como mascotas.

El‘binomio perro-policía’.
El propio funcionario es el que lo adiestra, previa realización de un curso de seis meses. Al guía “se le dan unas instrucciones, porque hay personas que se sienten atraídas por este tema, pero nunca han tratado con perros”, matiza el inspector, que nos recuerda que conseguir que el perro obedezca ciertas órdenes es una misión que exige disciplina. El resultado final es lo que dentro de las secciones caninas llaman ‘binomio perro-policía’. En lo que respecta al tiempo que se tarda en tener preparado para la acción al perro, Durán confiesa que “depende en gran medida del guía y del interés que ponga en ello pero, por lo general, se tarda entre tres y cinco meses”.

La edad adecuada para comenzar la instrucción va de los ocho a los doce meses. “Lo primero de todo es la socialización”, expone el especialista, añadiendo que “se les debe quitar el miedo y acostumbrar al ruido desde el primer momento”. Por ello, dentro de las prácticas, el guía lleva a su nuevo compañero de paseo por las distintas redes de transporte: al metro, al tren, al aeropuerto… Al tiempo que el vínculo entre la persona y el perro se va haciendo más fuerte. “A nuestros perros se les adiestra de un modo natural”. Dentro de esta unidad canina, cuando uno de estos animales hace un ejercicio mal no se le castiga nunca físicamente. Cuando cumple con su tarea, se le premia jugando con él porque “el perro no busca porque le apetece buscar, busca porque sabe que cuando encuentre hay premio”.

Dona tu perro a la Policía.
La procedencia de los ejemplares con los que se trabaja en estas instalaciones situadas en la zona de Lago atiende a tres fuentes principales: el mercado internacional (los últimos los adquirieron en Hungría), los criadores españoles (un canal mucho más económico) y a través de particulares. Durán afirma que la donación de perros por civiles es muy común. “Nosotros vamos a ver al perro o nos lo traen aquí para hacerle las pruebas que consideremos pertinentes”.

Además de haber cumplido con las estipulaciones sanitarias establecidas, se pide que no tenga más de un año y medio porque “si el perro tiene un vicio, va a ser muy difícil quitárselo”. El periodo de prueba es igual para todos los canes, vengan de donde vengan. “Se rellena una ficha, nos dan toda la documentación del perro y éste se queda aquí entre una semana y quince días. Si no vale, llamamos al dueño que lo ha donado o al criador para que se acerque a recogerlo”.

Cuando llega la jubilación.
El responsable de la Unidad Canina de Madrid de la Policía Nacional también nos cuenta qué ocurre cuando su vida útil, de entre nueve y once años, llega a su fin: “si el funcionario quiere, tiene preferencia para quedarse con él”. La segunda posibilidad es que el perro asuma el papel de guardián en los límites del recinto donde ha estado prestando servicio, ya que el perímetro está rodeado de una valla desde la que los canes vigilan el exterior de las instalaciones. Si no es posible, se recurre a amigos de funcionarios y a civiles, que suelen pedirlos para vigilar una finca.

En última instancia, pasan a la Facultad de Veterinaria. “El sacrificio es lo último, es el recurso final una vez agotadas todas las vías”, lamenta Durán, que confiesa que “a los que más les duele sacrificar un perro son al responsable de la unidad, que soy yo, y al guía, que es el que lo ha adiestrado”. Una de las grandes tragedias de los pastores alemanes es la displasia de cadera, una dolencia que a los diez años de servicio no les permite seguir operativos. Es por ello que son partidarios de la eutanasia antes que de las perreras, ya que es muy probable que un perro con esta edad y con esta enfermedad muera de frío antes de encontrar un nuevo hogar.